Sin pegada, o mejor dicho sin gol, un equipo no puede ganar, y eso es lo que les está ocurriendo a nuestros jugadores en las últimas semanas. El jueves, una vez más, los pupilos de Txetxu no fueron capaces de vencer a su rival y se tuvieron que conformar con un triste empate en San Jorge ante el Beasain.
El punto, en sí, no es malo, pero a estas alturas de campeoanto y tal y como está la tabla, las victorias pueden ser cruciales cara a los últimos enfrentamientos ligueros. El Santurtzi lleva siete jornadas sin vencer y tan sólo ha marcado dos goles en esos encuentros. Las ocasiones, sin embargo, han sido tan numerosas como las desperdiciadas en la matinal de este pasado jueves.
Si algún equipo mereció la victoria, todo hay que decirlo, éste fue el morado. En la segunda mitad del encuentro, incluso, fue el único equipo que tuvo opciones claras de marcar ya que el Beasain, un equipo correoso y bien plantado, casi renunció al ataque. El juego, aún así, en su conjunto no fue brillante
Imanol fue el primer jugador local, en el minuto 7 del encuentro, que gozó de ocasión clara de perforar la meta rival. Poco después llegó la réplica visitante con un balón al travesaño. Desde ahí y hasta el pitido del descanso, ocasiones claras para Txus, Goitia, Steven e incluso Velasco, que en el tiempo de descuento intentó sacar provecho de la situación bastante adelantada del meta rival.
En la segunda mitad, nada más reanudarse el encuentro, fue Zubero, el que no llega a un buen balón de Txus. Poco después y tras ser derribado en la frontal, gozó de una nueva ocasión en otra internada de su compañero en el ataque morado. En el 36, este mismo jugador pudo sacar provecho de la quizás más clara ocasión para desnivelar la contienda. Su internada por la derecha con posterior salida del meta guipuzkoano acabócon el balón por encima del travesaño.
La próxima jornada, la semana que viene, los morados visitarán al Amorebieta. Un equipo, que esta a tres puntos y al que sería muy bueno superar. Por un lado los chicos de Txetxu se alejarían de la zona peligrosa en la que están inmersos y por otro, meterían también en problemillas a su rival.






